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Anécdota: mi cabeza haciendo gigantes a los problemas

SPOILER: Lo que pensé que sería un monstruo, resultó ser nada.

Mariela R. Camo Lectura ~3–5 min
Imagen 1 del artículo: anécdota sobre resolver un problema sencillo

¿Alguna vez te congelaste con una actividad en el trabajo… y al final descubriste que la solución era ridículamente fácil? A mi me pasó, es algo de lo que no me siento orgullosa pero al final, me alegro de que pasará.

En esa ocasión yo era practicante en el área de programación y estaba en un curso de capacitación de Primeros Auxilios. Me senté en los primeros asientos, mientras que el presentador del curso estaba al fondo, acompañado de dos personas de RRHH.

La capacitación apenas iniciaba. Intentaban conectar la laptop al cañón y, desde el primer momento, vi que tenían problemas… pero me paralice.

No supe qué hacer. Opté por lo más fácil: ignorar la situación y fingir que revisaba el celular. Lo sé, quizá me vi grosera, pero el cuerpo no me respondía.

Cada segundo parecía eterno y la ansiedad no dejaba de crecer. ¿Te lo imaginas?

Imagen 2 del artículo: apoyo visual de la anécdota

Un día común lo pasaba frente a la pantalla, entre códigos y bugs (mi hábitat natural 🖥️). Normalmente yo no daba soporte a los usuarios. No me sentía cómoda ayudando en cosas técnicas de ese estilo.

Cuando se trata de colaborar, soy proactiva. Pero en soporte… uff, ahí me siento insegura. No es que no quiera ayudar, es que me aterra no saber cómo hacerlo.

Los minutos seguían pasando (aunque para mí eran horas) cuando escuché el murmullo a mis espaldas:

—Ahí está Mariela.

—Sí, justo estaba pensando lo mismo.

Tragué saliva. En ese momento supe que ya no había escapatoria.

—Mariela, disculpa… ¿Crees que nos puedas apoyar con el cañón?

Las manos me sudaban, apreté los puños y, con el corazón acelerado, me puse de pie.

—Sí, claro —alcancé a decir.

El presentador sonrió satisfecho:

—¡Pero si aquí está la buena!

Yo, nerviosa, intenté restarle importancia:

—Pues ni crean… —murmuré con una sonrisa forzada.

En menos de tres segundos ya estaba frente a la computadora. Y en menos de un minuto el problema estaba resuelto. Solo había que cambiar la fuente de salida.

¿Puedes creerlo? Minutos de ansiedad… para algo que se resolvió en segundos. ¿Te ha pasado?

De esta experiencia me quedo con algo:

👉 Al diablo con el miedo. Si te da miedo, hazlo con miedo.

Porque cada vez que enfrentas lo que te intimida, ganas un poquito más de confianza. Mientras más lo evitemos, nos alejamos de una mejor versión de nosotros mismos. Y sinceramente… no vale la pena seguir huyendo (te consume el cerebro jaja)

Imagen 3 del artículo: cierre visual de la anécdota